martes, 29 de enero de 2013

Zoro y Ari. La Isla Misteriosa (#16)


En cuanto Ari se dio cuenta de que volvía a ser la de siempre y que ahora sí podría liberarse del agarre de aquel imbécil, dio un salto y le asestó una patada que le envió contra la pared, destrozándola.

-         ¡Amo! – exclamaron los enmascarados.

Ajena al hecho de estar completamente desnuda y rodeada de gente, y recordando todo lo concerniente al pequeño período de tiempo en el que había vuelto a ser una mocosa, Ari se acercó al líder de la secta, que se revolvía entre los escombros, poniéndose de pie.

-         Eso ha sido por obligarme a llevar un maldito vestido – dijo Ari tranquilamente, mientras abría y cerraba el puño, calentando.

Al otro lado de la sala, los miembros masculinos de la banda, miraban la escena, sin comprender lo que acababa de pasar y sin saber por qué, de repente, la joven volvía a ser la chica que todos conocían.

-         E.Ella... ella está desnuda – dijo Sanji llevándose la mano a la nariz sangrante.

-         Gracias por dejarnos disfrutar de esto – dijo Usopp.

-         Eso sí que es SUUUUUUUUPEEEEEEEEEEEERRRRRRR – exclamó Franky.

Los tres levantaron el pulgar en señal de aprobación. Zoro, en cambio, la observaba con los ojos entrecerrados. ¡Esa imbécil! ¿Es que no tenía ni una pizca de vergüenza? ¡Podría hacer algún intento por taparse! No es que su ropa habitual hiciera mucho para ocultar su cuerpo, pero verla en todo su esplendor era... fatal para el corazón.

Un par de golpes sordos llamaron la atención de todos.

-         Aaaah, hay que ver qué débiles son estos... – dijo la navegante, apoyando su Clima Tact sobre el hombro.

Nami y Robin también habían vuelto a la normalidad.  Nami se había encargado de los hombres que las sujetaban, mientras Robin se ocupaba de usar su habilidad para ocultar sus encantos de los ojos curiosos que las miraban.

-         Un par de manos no son suficientes para ocultar semejante paisaje – declaró Sanji sin dejar de sangrar por la nariz.

-         Qué bonito es estar vivo... – murmuró Usopp.

-         ¡Tenemos que hacer algo! ¡A este paso Sanji perderá demasiada sangre otra vez! – gritó Chopper correteando alrededor del rubio.

-         Panda de idiotas – dijo Zoro.

De repente, la habitación se sumió en un completo caos. Las mujeres esclavizadas echaron a correr, tan rápido como podían con las piernas encadenadas, para salir de allí. Los miembros de la secta, confundidos, no sabían si ir tras ellas o atacar a los piratas, por lo que se quedaron parados, mirando de un lado a otro.

-         ¿A qué demonios esperáis? – exclamó un hombre enorme que hasta ahora había permanecido sentado en un rincón - ¡Que el grupo de Sumizome vaya tras las mujeres! ¡El resto que permanezca aquí y haga frente a los intrusos!

Los hombres asintieron e hicieron exactamente lo que les habían ordenado. Una fracción corrió en busca de las mujeres, que no podían haber llegado muy lejos, y el resto comenzó a sacar todo tipo de armas del interior de sus túnicas.

Sanji sacó otro cigarrillo y se lo llevó a la boca para encenderlo.

-         Yo iré a ayudar a esas mujeres – dijo.

-         ¡Vamos contigo! – dijo Nami.

-         Puede que consigamos algo para vestirnos – dijo Robin tranquilamente.

Los tres salieron de la sala tras los hombres de blanco.

-         ¡Luffy, deja de comer! – exclamó Usopp.

En medio de toda la confusión, Luffy había llegado hasta la mesa de la comida y se llenaba la boca con todo lo que encontraba. Rió ignorando toda la escena.

-         ¡Esto está delicioso!

Mientras tanto, el hombre enorme que había dado la orden, había llegado hasta Ari y se disponía a golpearla, pero la voz del líder le detuvo.

-         No lo hagas, Loma. No podemos permitirnos que le hagas un solo rasguño.

-         Pero, aniki, ella...

-         Ella será mi esposa – sentenció el líder, llevándose una mano al costado, donde Ari le había golpeado – Es incluso mejor de lo que había imaginado. Necesitamos su poder.

-         Deja de decir tonterías y prepárate. Voy a patearte el trasero – dijo Ari levantando los puños.

-         ¿No piensas vestirte, muchacha desvergonzada? No voy a permitir que mi futura esposa vaya por ahí, enseñándolo todo. ¡Jemei! ¡Trae algo de ropa! ¡La que estaba preparada para tu nieta!

El viejo que había llevado el tubo de ensayo, salió de debajo de la mesa, donde había estado escondido. Le lanzó una extraña mirada al otro hombre, entre furiosa y acobardada.

-         ¡No me parece el mejor momento para que te pongas a jugar a los vestiditos! – exclamó.

Los subordinados de la secta Kitsune Monogatari, habían comenzado su pelea contra los Mugiwara. Solo Luffy y Zoro permanecían al margen. Comenzaron a acercarse a donde se encontraban Ari y los otros dos hombres. El espadachín al que se había enfrentado Zoro había desaparecido, pero volvió a aparecer de improviso al lado del líder y de su hermano.

De forma brusca y sin miramientos, Zoro tiró del mantel que cubría la mesa, tirando los platos repletos de comida que había encima, y lo dejó caer sobre la cabeza de Ari. Ella tiró de la tela y liberó su cabeza para mirarle con el ceño fruncido.

-         Tápate – le ordenó él.

-         ¡Es imposible pelear con esto! – le dijo ella - ¡Será muy incómodo! Es más fácil si no llevo nada.

-         ¿Eres tonta? ¡No puedes ir por ahí peleando desnuda! – dijo Zoro.

Luffy los miraba riendo, sin importarle lo más mínimo todo lo que se estaba desarrollando a su alrededor.

Finalmente, Ari se enrolló la tela blanca alrededor del cuerpo, haciendo un pequeño nudo a un lado. Con un suspiro, agarró el extremo inferior de la tela y tiró, desgarrándola, para poder mover las piernas libremente.

-         ¿Habéis terminado con vuestra actuación estúpida? – dijo el jefazo de aquel lugar.

El espadachín permanecía a un lado de su señor y el hombre enorme, al otro. Ambos mantenían sus máscaras blancas puestas. Así que esos tres eran los más fuertes de todos los que había ahí, ¿eh? Ari sonrió, estaba deseando que le dieran una buena pelea después de todo lo que había tenido que sufrir: vestidos, lazos, comidas sin carne... Sintió un escalofrío al recordarlo. ¿Qué clase de idiotas eran esos que prohibían la carne?

-         ¿No vas a replantearte lo de ser mi esposa? – dijo el que no estaba enmascarado – Nos ahorraríamos todo esto. Nos convertiríamos en los dueños del Nuevo Mundo.

-         No me interesa ser la dueña de nada. Solo quiero patearos el trasero por traernos aquí con engaños y artimañas y por vuestra forma de tratar a esas mujeres. ¿Quiénes os creéis que sois? – dijo ella encogiéndose de hombros.

-         En ese caso... tendremos que obligarte a aceptar.

5 comentarios:

  1. Esta Ari... qué fresca xDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDD
    Sanji va a morir como sigan así y Robin... en fin, es Robin. Cualquier cosa que diga merece mención aparte xDDDD

    A ver si averiguamos pronto todos los secretos de la isla >_<

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    1. Teniendo en cuenta su pasado... Ari siempre ha estado rodeado de tíos xDDDDDDDDD Y toda su tripulación estaba formada por hombres D: Y no creo que sea un chica con mucho pudor JAJAJAJAJAJA
      Pero si ahora Robin no ha dicho nada... Solo que a lo mejor conseguían ropa xDDDDDDD

      No queda mucho por descubrir la verdad xDDDDDD

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  2. Me encana Ari...jajaja ¡Con esto no me puedo pelear! Jajaaja La que va a liar esta chica ya verás jajajaja
    jooo ya tenía ganas de capi *.*

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  3. Oh, adoro este blog pero no sé porque no me había animado a comentar xD
    Lo leía desde hace tiempo hasta que lo pusiste en privado y me quedé chafada por que no podía contactar contigo xD
    Espero que sigas escribiendo :)

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    1. Oins, ¡muchas gracias! ^^

      Siento mucho haberlo puesto privado durante un tiempo, pero fue necesario por X motivos >.<

      ¡Lo haré en cuanto entre en la dinámica de escribir de nuevo! >.<

      ¡Un besito!

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