jueves, 20 de diciembre de 2012

Zoro y Ari. La isla Misteriosa (#15)


Lo que ocurrió a continuación sucedió tan rápido que a la pequeña Ari apenas le dio tiempo de asimilarlo. Zoro, al ver a Ari debajo del pie de aquel tipo enorme, desenvainó dos de las katanas y se lanzó hacia delante, pero otro hombre enmascarado y salido de la nada le interceptó con su propia espada.

-         ¡Viejo de las katanas! – exclamó Ari, poniéndose de pie.

No pudo llegar muy lejos, ya que el hombre que no llevaba máscara agarró la parte trasera del cuello del vestido y la levantó en el aire. Ella pataleó y se movió, intentando golpearle y que la soltara, pero nada de eso ocurrió.

-         Maldición – dijo Zoro entre dientes – Estás en mi camino – le dijo al otro espadachín.

Nami y Robin permanecían detrás de Zoro, asustadas. Habían terminado en el peor sitio posible debido al mal sentido de la orientación que tenía el espadachín.

-         Así que ha venido a buscaros – dijo el jefe llevando a Ari hasta la otra punta de la sala, dejando una gran mesa llena de comida entre ellos y el otro grupo que acaba de entrar – Podría haberse ahorrado la molestia. No saldrá vivo de aquí. ¡Coged a las otras dos niñas! – ordenó.

Un grupo de cinco hombres se puso de pie de inmediato y, apartando a las mujeres a empujones, se acercaron a las niñas, que dejaron escapar un gritito y echaron a correr, alejándose de Zoro.

-         ¿A dónde vais? – exclamó él, girando la cara para mirar cómo salían de la sala.

-         No es momento para que te preocupes por los demás – dijo el hombre contra el que se estaba enfrentando, asestando un golpe que obligó a Zoro a retroceder.

-         Dejemos que Loma se encargue de ese espadachín – dijo el jefe volviéndose a sentar en su silla y sentando a Ari sobre su regazo.

Ella intentó escurrirse por debajo de la mesa para escapar, pero él la agarró del pelo y tiró hacia arriba. Ari forcejeó, pero fue completamente inútil, aquel hombre era mucho más fuerte que ella, no había manera de que pudiera ganarle y salir corriendo.

-         Si no te estás quieta te encadenaré, mocosa – dijo él malhumorado.

Ari respiró hondo y permaneció quieta, en el regazo de aquel asqueroso gruñón. Estar sentada en el regazo del viejo de las katanas había sido cien mil veces mejor que estar ahí con ese hombre que olía a vegetales podridos. Si conseguía engañarle, fingiendo que estaba tranquila y que había aceptado quedarse ahí, él bajaría la guardia y tendría una oportunidad para escapar. Él le acarició el pelo con su enorme y grasienta mano y Ari puso una mueca de asco que, por suerte, el hombre no pudo ver.

-         Serás una magnífica pieza cuando consiga que te pongas de nuestro lado – dijo él.

-         ¡Eso nunca pasará! ¡Mis hermanos te darán una paliza! – exclamó ella.

Zoro volvió a desconcentrarse al escuchar los gritos de Ari. Al mirar allí y verla sobre el regazo de aquel viejo, dejó escapar una especie de gruñido y golpeó salvajemente la katana del otro espadachín, que apenas pudo resistir el ataque y dio tres pasos hacia atrás, sorprendido.

-         ¿Qué demonios...?

Justo en ese momento, se escuchó el sonido de una refriega fuera de la sala, en el pasillo y las dos niñas que habían huido, volvieron a entrar corriendo en la sala y dando grititos.

-         ¡Han vuelto! – gritó la pequeña Nami.

Todos en la sala se quedaron inmóviles, incluidos los dos que estaban peleando, al ver aparecer en la puerta a un grupo de seis personas de lo más variopintas. Personas, por llamarlos de alguna manera. Solo tres de ellos tenían apariencia humana, los otros tres... uno de ellos tenía pinta de mapache, otro estaba desproporcionado y el último... ¿era un esqueleto?

Las mujeres que estaban en esa habitación, corrieron como pudieron debido a las cadenas, y completamente asustadas hacia el extremo opuesto a la puerta. Todos los hombres restantes y que habían permanecido sentados hasta entonces, se pusieron de pie y en guardia. Solo el que tenía a Ari en su regazo se quedó sentado, mirando a los recién llegados con el ceño fruncido. ¿Quiénes eran y de dónde habían salido?

-         Llegáis tarde – dijo Zoro con una sonrisa y apoyándose una de las katanas en el hombro.

-         Lo que me sorprende es que tú ya estés aquí, marimo – dijo Sanji tirando el cigarrillo al suelo y pisándolo.

El rubio paseó la mirada por la sala y vio la posición en la que se encontraba Ari. Frunció el ceño y apretó los puños.

-         ¿Cómo te atreves a tocar a Ari-chan con tus sucias manos? ¡Te daré la paliza de tu vida! – exclamó.

-         ¡Comida! – gritó Luffy  lanzándose hacia la mesa.

Usopp le detuvo agarrándole de la camiseta roja.

-         ¡No es momento para preocuparse por la comida, idiota! – gritó señalando a Ari, a Nami y a Robin que volvían a estar en manos del grupo de las túnicas blancas.

-         ¡LUFFY! – gritó Ari, que intentó salir corriendo, pero sin éxito.

-         No pasa nada, solo tengo que patearles el trasero, ¿verdad? – dijo el capitán de los Mugiwara cruzándose de brazos y  mirando a todos los que estaban en la sala.

Los otros seis se colocaron detrás suya, con la misma pose amenazante.

-         Me sorprende que hayáis llegado hasta aquí – dijo el que seguía sentado, que puso una mano sobre la cabeza de Ari –, teniendo en cuenta la cantidad de guardias que hay por todo el subterráneo.

-         ¿Te refieres a todos esos tipos con máscara? – preguntó Sanji rechinando los dientes.

-         Los mandamos a volar a todos – dijo Franky.

Antes de que nadie pudiera decir nada más, un hombre muy mayor entró corriendo en la habitación con un tubo de ensayo cerrado en la mano, que contenía un líquido púrpura.

-         ¡Ya estoy aquí...... amo! – añadió la última palabra con desagrado, antes de tropezar con sus propios pies y caer al suelo - ¡Auch!

El tubo se rompió en mil pedazos y, el líquido, al entrar en contacto con el aire se convirtió en vapor púrpura, extendiéndose por toda la sala.

-         ¡Maldita sea, Jemei! ¡Has llegado en el momento más inoportuno! – exclamó el jefe levantándose, pero sin soltar a la pequeña Ari, a la que sujetaba del brazo con fuerza.

-         ¡Otra niebla misteriosa! – dijo Luffy encantado.

-         ¡Puede ser peligrosa! – exclamó Chopper - ¡Tened cuidado! ¡No respiréis!

-         ¿Cómo demonios quieres que no respiremos? – preguntó Usopp.

Rápidamente, el gas inundó toda la habitación y, cuando se dispersó, el jefe de la secta ya no estaba agarrando el brazo de una niña pequeña, sino de una chica joven completamente desnuda.

6 comentarios:

  1. ¡Bien! Por fin dejan de ser pequeñajas xDDDDDDDDDD
    Por cierto, la aparición de los chicos me ha hecho recordar la entrada triunfal de Sanji, Chopper y Luffy en la Franky House xDDDDDDDDDDDD

    Por lo visto ya queda poquito para que acabe esta saga >,<

    Ps.: Sanji morirá desangrado. Lo preveo...

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    1. Sí, tía... ya era hora xDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDD
      Ains, sí... me basé un poco en escena para escribir esta jajajajajaja Oinssss >.<

      Sí... la batalla y hale... y solo pondré la de Ari, me parece, que escribirlas todas sería horrible.

      Pd: JAJAJAJAAJJAJAJAJJAJAAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAAJAJAJAJAAJAJAJ

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  2. "completamente desnuda" Oh dios,... Zoro. Jajajaja
    que ganitas tenía de leer otro de tus capis, jo. *.* reconozco que de peques eran adorables pero ya tocaba que vovleran a crecer. jajaja

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    1. JAJAJAJAAJ Zoro y Sanji lo van a flipar xDDDDDDDDDDDD
      Oinsss, pues ahora otros 2 meses hasta el siguiente xDDDDDDDDD

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  3. Completamente desnuda... bien malpensemos malpensemos xDDDD Bien, Ari le va a dar una paliza a ese tio *o* Lo estoy deseando de ver >w< Y Luffy ya ha llegado con los demás~ Me encanta!!

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    1. JAJAJAJAJAAJAJ Ya verás, ya verás lo que les espera a todos jajajajaj

      ¡Me alegro de que te guste!

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