lunes, 12 de noviembre de 2012

Zoro y Ari. La Isla Misteriosa (#14)


La pequeña Ari dejó de forcejear al darse cuenta de que no serviría de nada. El hombre alto que había entrado en la celda la llevaba del cuello del vestido azul. Estaba llevándola a no sé qué sitio para que viera a no sé qué hombre. La verdad es que Ari no tenía ni idea de qué estaba pasando. ¿Por qué la tenían secuestrada? ¿Por qué querían que hablara con algún hombre? ¿Por qué demonios no tenían carne para comer?

Giró un poco la cara para ver al hombre, pero, como todos los demás, llevaba la cara oculta tras una máscara de zorro blanco. La niña frunció el ceño.

-         ¿Os regalaron esas máscaras a todos? – preguntó de forma inocente.

No obtuvo ninguna respuesta. Hinchando los mofletes y haciendo un mohín con los labios comenzó a agitar las piernas.

-         Estate quieta, mocosa – gruñó el que la llevaba.

-         Pues respóndeme. Es de mala educación no responder cuando te hacen una pregunta, ¿lo sabías?

-         Cierra la boca, enana, no quiero escuchar tus tonterías.

Ella hizo un sonido de pedorreta y movió las piernecitas.

-         Eres un poco desagradable, ¿sabes? Y yo pensaba que mi hermano Ace era un gruñón... ¡Tú eres mucho peor!

Un suspiro le llegó desde detrás de la máscara.

-         Eres la peor de todas las que hemos traído hasta ahora. ¿Por qué no estás temblando? ¿No te mueres de miedo? – dijo el hombre con los nervios de punta por la vocecilla estridente de la pequeña y su constante meneo. Llevaba todo el rato hablando y haciendo el tonto desde que la había sacado de la celda a la fuerza.

Eso hizo reír a Ari.

-         Mi abuelo Garp sí que da miedo cuando hablamos de piratas... Es un miembro de la Marina, ¿sabes? Es muy grande... y muy fuerte... podría patearos el culo a todos con los ojos cerrados.

El hombre enmascarado se detuvo en seco y levantó la mano para poner a la pequeña a la altura de su cara.

-         ¿Tu abuelo... es alguien de la Marina?

-         Eso te acabo de decir – Ari suspiró, como si estuviera cansada de ese tema.

Antes de decir nada más, el hombre se detuvo delante de una gran puerta de mármol blanco.

-         Amo, aquí le traigo a la prisionera, como pidió.

-         Adelante, pasa – una voz autoritaria llegó hasta Ari desde detrás de la enorme puerta.

Ella se quedó quieta, a la espera de ver lo que le deparaba el futuro en aquella habitación.

La puerta se abrió dejando a la vista un cuarto que a Ari le pareció gigante, casi tan grande como toda la Gray Terminal entera. Miró alrededor boquiabierta, para estar bajo tierra, el lujo se dejaba ver por toda la estancia. Todo lleno de mármol blanco y negro, ornamentos de oro... ¡y hasta una lámpara de araña de diamantes! La pequeña se rascó la cabeza. Si llevara todo aquello a su casa, la gente dejaría de pasar hambre y sus hermanos y ella podrían comprarse un barco para ser piratas. Además... ¿cómo habían conseguido meter allí todo eso? Las paredes y las columnas no cabían por la trampilla por la que habían entrado.

Pero había algo que llamaba todavía más la atención, por ejemplo: el grupo de unas 30 mujeres jóvenes que se encontraba en la habitación. Todas llevaban grilletes en las muñecas y en los tobillos. Estaban en mejores condiciones que la mujer de la celda, pero estas no parecían más felices. Claro que... ¿cómo iban a ser felices si estaban encadenadas? La única prenda de ropa que llevaban era un vestido blanco y ligero que apenas tapaba nada. Se movían como si fueran autómatas, con la mirada perdida y gestos torpes, sirviendo copas y comida a los hombres que había en la sala y que las trataban como si fueran animales. En el centro de la misma, se hallaba el que parecía ser el jefe de aquellas personas tan extrañas. No llevaba ninguna máscara, como los demás, pero sí que llevaba la misma túnica blanca que tapaba su enorme y gordo cuerpo. Tenía la cara muy redonda y muy grande, completamente calva.

Ari no pudo evitar soltar una carcajada al verle. Era como un gran muñeco de nieve, pero de carne y hueso.

Toda la sala se quedó en un completo silencio al escucharla reír, incluido el hombre del centro de la habitación, que la miraba con el rostro completamente rojo por la ira contenida. El hombre enmascarado que la llevaba del cuello del vestido dejó escapar una exclamación y lanzó a la pequeña contra el suelo, que rodó y se puso de rodillas, disminuyendo el impacto del golpe.

-         ¡Eh! ¿Por qué has hecho eso? – gritó ella, hinchando los mofletes.

-         Cállate, mocosa imbécil – exclamó el hombre levantando la mano derecha para propinarle un golpe.

-         Detente, Daren – le detuvo el hombre sin máscara poniéndose de pie y caminando hacia ellos.

-         Pero, amo, esta niña no es digna de...

-         Esta niña es un diamante en bruto. Si conseguimos convencerla de que pelee para nosotros, podremos hacernos con este lado del Grand Line, el Nuevo Mundo será nuestro. ¿Cuántos años puede tener? ¿Seis? ¿Siete? Y ha conseguido derribar a los hombres adultos y entrenados que la vigilaban. La necesitamos, nos será de verdadera ayuda, no como esta pandilla de inútiles – dijo el jefe tirando de los grilletes de una de las esclavas que estaba pasando junto a él y lanzándola al suelo.

Al ver lo que estaba a punto de suceder, Ari se lanzó escopetada y sujetó el pie que estaba a punto de estrellarse contra la cara de la mujer. La tensión volvió a apoderarse de la sala.

-         No deberías golpear a una mujer que está indefensa y encadenada, por muy “señor jefe y amo” que seas – dijo ella de forma solemne. Se sintió orgullosa de sí misma, pues es lo que Ace o Sabo habrían dicho en esa situación.

-         A.amo Caguiru, siento mucho lo que esta niña está haciendo... cuestionando su autoridad... No debería haberla traído ante usted... m.me disculpo – tartamudeó el hombre que la había llevado hasta allí.

Antes de que nadie pudiera decir una palabra más, la gran puerta de mármol se abrió de nuevo, dejando paso a un sorprendido y desorientado Zoro, acompañado de las pequeñas Nami y Robin.

-         ¡Te has vuelto a equivocar, idiota! ¡Estos no son los calabozos!


6 comentarios:

  1. NO CARNE, NO ARI. Fin de la sentencia xDDDDDD

    Oyoyoyoyoyoyoyoyoyoyoyoy, qué gente más mala... Y Zoro, entrando como siempre por casualidad pero en el mejor momento *.*

    Me encanta >,<

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    1. xDDDDDDDDDDDD La carne es importante para ella ò.ó Zoro es genial >o< A ver cómo la lía en cuanto vea el panorama xDDDDDD

      Na, tonterías, me lees con buenos ojos xD

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  2. ¿Dónde está Ari? ¡Quiero achucharla! Que cosita más mono, por favor... *.* Me encanta esa niña... :D "Es lo que Ace o Sabo hubiera dicho" oiiiinnsss... *.* Y Zoro... con su oportuno don de perderse y encontrar el sitio al que quería llegar jajaja

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    1. Jajaajajajajaj, es una nena tan monosa >.< La adoro, jopetas ^^
      JAJAJAJAJA, sí, maldito y oportuno Zoro xD

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  3. *o* asldfkjasldkfj Más mona Ari >w< Ainss que cosita más kawaii, me ha hecho una gracia cuando se ha empezado a reír del tio xDDDD No me esperaba lo de Zoro *.* A lo tonto a lo tonto a llegado a buen lugar en buena hora

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    1. Sí, es muy monosa *.* Jajajaja, es que Ari no es Ari si no hace el tonto en los momentos clave... y reírse del jefazo de la secta esa es algo muy tonto xDDDDDDDDDD
      Y Zoro siempre atina, aunque se oriente fatal xDDDD

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