miércoles, 10 de octubre de 2012

La Isla Misteriosa (#13)



Brook miró con el ceño fruncido la trampilla camuflada que había descubierto. Vale, quizá “descubierto” no era la palabra que buscaba, ya que, realmente había tropezado con ella. Estiró el brazo, todavía sentado en el suelo, y abrió la trampilla con cuidado para asomarse al interior. No se veía nada, estaba más oscuro que los años de soledad que había pasado antes de conocer a los Mugiwara. Dejó caer el trozo de madera, que encajó en su sitio, y se puso de pie. Debía avisar al resto de lo que había descubierto y que parecía ir por debajo de la isla y quizá, solo quizá, allí encontrarían a las mujeres de la tripulación. No perderían nada con echar un vistazo.

Decidido, Brook echó a correr entre la maleza, buscando al resto de la tripulación, deseando que no hubieran dado ya con aquel lugar. Quería ser tan útil como pudiera para ese pequeño grupo de personas que le habían acogido hacía ya dos años.




Ari fue lanzada al interior de una apestosa celda sin ninguna delicadeza. Fulminó con la mirada al enorme tipo que estaba cerrando la puerta de hierro en ese momento. Él ignoró el odio que irradiaba la mirada de la pequeña y sonrió con sorna.

-         Aquí calladita y tranquilita hasta que el amo te llame – dijo – Es una suerte haber dado con alguien como tú. Eres una muñequita bastante prometedora si has conseguido derribar a todos los hombres del salón – dicho esto, se dio media vuelta y se alejó de allí.

Ella no sabía qué había querido decir con eso último, así que se contentó con sacarle la lengua a su espalda.

Despacio, se acercó a las rejas de hierro y las empujó con sus pequeñas manitas. Obviamente, no se movieron, ni siquiera chirriaron, pero eso no hizo que la determinación de Ari flaqueara. Miró la reja con el ceño fruncido, meditando la mejor manera para salir de allí. Intentó colarse entre los barrotes, pero descubrió que, aunque el resto de su cuerpo pasara, la cabeza no había forma de colarla. Maldijo entre dientes con su vocecita de duende.

-         Si Luffy estuviera aquí, podría colarse con su cuerpo de goma, pero yo no puedo – dijo, volviendo a meter el cuerpecito dentro de la celda.

Se dejó caer al suelo, con las piernas estiradas y sin dejar de mirar al frente. Tenía que haber una manera de salir de allí, no podía darse el lujo de permanecer ahí hasta que aquel... ¿amo?... decidiera que quería hablar con ella. ¿Qué era un “amo” de todas formas? ¿Algún tipo de animal? No, imposible. Si fuera un animal no querría hablar con ella... los animales no hablan. ¡Oh! A lo mejor era alguna clase nueva de animal que hablaba...

Ari estaba tan emocionada con sus propios pensamientos, que no se percató de la figura que se deslizaba por el interior de aquel pequeño y húmedo cubículo en el que se encontraba. De repente, una mano rodeó el cuello de la niña, que soltó una exclamación por la sorpresa. Se vio arrastrada hacia atrás, hasta terminar apoyada contra un cuerpo más grande que el suyo y sentada sobre unas piernas más largas, pero muy delgadas.

Superado el susto inicial, Ari frunció el ceño y se relajó todo lo que pudo, así conseguiría que el que la tenía sujeta también se relajara y flaqueara en algún momento. Ese momento llegó antes de lo esperado y, con un ágil movimiento, la niña pudo liberarse del agarre y alejarse. Se giró, colocándose en posición defensiva, para observar a su atacante.

Frente a ella se encontraba una mujer extremadamente delgada y con aspecto demacrado: solo llevaba una tela harapienta y de color amarillo sobre su cuerpo huesudo y su pelo era una maraña de cabello marrón. Tenía la piel tan sucia que era difícil encontrar un solo resquicio de color carne. Ari torció el gesto al observarla. Ni siquiera en la zona más pobre de la Gray Terminal se encontraría a una persona en esas condiciones.

-         Hola – dijo alegremente.

No obtuvo respuesta. La mujer se limitó a mirarla con una mezcla de miedo y sorpresa, pero ella no se desanimó.

-         Soy Monkey D. Ari, ¿y tú?

De nuevo, sin respuesta. La niña suspiró y se sentó en el suelo con las piernas y los brazos cruzados.

-         Esto va a ser un poco difícil si no pones de tu parte, ¿sabes?

La desconocida carraspeó e hizo el intento de decir algo, pero ninguna palabra salió de sus labios.

-         ¿No puedes hablar? – preguntó acertadamente Ari.

La mujer asintió despacio. Parecía que se había relajado lo suficiente como para que sus gestos no fueran tan rígidos..

-         Vaya, yo no sabría qué hacer si no pudiera hablar. Mi hermano Ace siempre dice que hablo por los codos y que mi voz de pito le irrita los oídos. Mi hermano Sabo siempre le regaña por decirme esas cosas. Y mi hermano Luffy simplemente se ríe. Le gusta mucho reírse. Y a mí también. ¿A ti te gusta reírte?

El ceño de la desconocida se frunció, como si no entendiera lo que la niña que tenía delante le estaba contando.

-         Por cierto, ¿qué haces aquí?  ¿Llevas mucho tiempo aquí encerrada? ¿No te dan de comer y por eso estás en los huesos? Oh, en la tripulación de mi hermano hay un hombre que es un esqueleto... ¡pero se mueve! ¡ES GENIAAAAAAAAAAAAAAAL! – de repente, los ojos de Ari se abrieron de par en par y se acercó gateando hasta la desconocida, que la miraba como si se hubiera vuelto loca - ¿Eso quiere decir que no me van a dar de comer a mí tampoco? ¡NO PUEDE SER! ¡MORIRÉ SI NO ME DAN COMIDA! ¡TENGO HAMBRE AHORA MISMO! Tengo que salir de aquí...

Ari hizo amago de separarse de la mujer, pero esta la agarró del brazo y apretó el pequeño cuerpo contra el suyo. La niña escuchó pasos y voces acercándose a la celda. Finalmente, un par de hombres vestidos con las ya típicas túnicas blancas y las máscaras de zorro aparecieron frente a ellas.

-         ¿Esa es? – preguntó uno de ellos.

-         Sí, eso ha dicho el hermano Perok.

El que acababa de hablar abrió la puerta de la celda y se hizo a un lado, para dejar paso al hombre más alto, que entró al interior.

-         Ponte de pie, niña, y ven conmigo. El amo desea hablar contigo. Deberías sentirte honrada, pues su grandiosa persona pocas veces se digna a hablar con calaña como tú.


6 comentarios:

  1. Brook... ese gran descubridor. Sigamos.

    ¿Quién es el esqueleto viviente? ¿La hermana de Brook? ¿Un maniquí de Zara? Mmh...
    Perok. Interesante nombre. ¿Y ese amo? Cuántas preguntas sin respuesta...

    Me encanta >,<

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    1. Jajajaja, sí... no sabía qué hacer con él xDDD
      Aaaaaaaaaaaaaah, lo del amo todavía no lo sé ni yo xDD Vamos, tengo una idea general, pero... eso xDDDDDDDDDD
      El nombre se me ha ocurrido en el momento, Perok es el gordo que llevó a Ari a la celda xDDDDDDDDDD

      Tú sí que me encantas >o<

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  2. asfasdfasdfasdfasf *-*
    Es la primera vez que te comento (y mira que llevo leyendo el fic desde hace algún tiempo, en fin cosas de la pereza -o-) Debo decirte que me encanta este fic *o* El personaje de Ari me parece tan kawaii y genialoso >w< Estoy deseando leer más, así que no tardes ¬w¬

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    1. ¡Oh! Una comentadora nueva jajajajajaja
      Me alegro mucho de que te guste, me hace muchísima ilusión >o<
      Jajaajaja, sí, Ari es el personaje más adorable de este Fic ^^ Dentro de nada la veremos dando caña como la que más ^^

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  3. ¿Van a dejar a Ari sin comida? ¿Están seguros de lo que hacen? ¿Es que acaso quieren morir? jajajaa
    ooohh...!!! Me encanta esta maldita cría. Es tan... Ari *.* jajaja

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    1. JAJAJAJAJAJA, ya veremos qué le pasa MUAHAHAHAAHHAHAAHAHHAAH Todavía queda mucho por descubrir ò.ó
      Sí, me encanta Ari, es que es genial xDDDDDDDDD

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