domingo, 24 de junio de 2012

La Isla Misteriosa (#10)


Ari se quedó mirando al hombre durante un momento, sin decir nada. Se limpió la boca con una servilleta y seguidamente miró a las otras dos niñas.

-         Nami, Robin... nos vamos de aquí – dijo tranquilamente, cogiendo el lazo que tenía en el pelo y tirándolo al suelo.

Las dos pequeñas miraron a Ari como si se hubiera vuelto loca. ¿A qué venía eso ahora? Había ido allí por voluntad propia y ¿ahora quería irse porque sí? Aunque ambas pensaron eso, ninguna se opuso. El problema estaba en la forma de salir de allí, algo que parecía totalmente imposible, juzgando el sitio en el que estaban y la cantidad de extraños vestidos de blanco que las rodeaban.

El hombre que había hablado con Ari dio un paso hacia la mesa.

-         No podemos permitir eso. Nuestro amo ha pedido expresamente que os quedéis aquí hasta que él decida dejaros marchar.

-         No pienso quedarme en un sitio en el que no puedo comer carne – dijo la pequeña totalmente seria.

Todo el mundo la miró boquiabierto. ¿Esa era la razón por la que quería irse de allí? Había algo malo con esa niña... No era normal.

-         ¿Vosotras dos... sabéis pelear? – preguntó Ari mirando a Nami y a Robin, que negaron con la cabeza, con carilla de susto. Ari suspiró – Esto sería más fácil si mis hermanos estuvieran aquí... Vale, no dejéis que os cojan y cuando podáis... salid corriendo de aquí.

-         ¿Y tú? – preguntó Nami – No podemos dejart...

-         Me encargaré de ellos. Estaré bien – Ari sonrió de oreja a oreja.

Una carcajada interrumpió aquel diálogo. Los hombres de blanco habían comenzado a reírse.

-         Qué palabras tan valientes para alguien tan pequeño – dijo el hombre que había hablado antes - ¿Qué pueden hacer tres enanas como vosotras contra un grupo de adultos entrenados para pelear?

Sin perder la sonrisa, Ari cogió el plato que había utilizado para comer y, antes de que nadie pudiera reaccionar, se lo lanzó al desconocido, acertándole en toda la cara cubierta por la máscara de zorro. El hombre, que no había visto venir el plato, trastabilló y cayó hacia atrás, con la máscara ligeramente torcida, dejando ver la parte inferior de su rostro.

-         ¡Maldita enana! – exclamó el hombre furioso.

Nami y Robin aprovecharon el revuelo que se formó para bajarse de sus sillas, echar a correr entre los hombres, que no pudieron agarrarlas a tiempo, y salir por uno de los muchos pasillos que rodeaban aquel comedor. Ninguno de ellos pudo perseguirlas, ya que Ari comenzó a lanzarles todos los platos y bandejas que había sobre la mesa, haciéndoles caer al suelo.

Riendo a carcajadas, la pequeña se bajó de su silla y correteó de un lado para otro, esquivando a todos los que intentaron cogerla. Todo sería más fácil si tuviera un palo o cualquier otro tipo de arma con el que pudiera pelear, pero... Justo en ese momento, se le ocurrió una idea. Se detuvo bruscamente, haciendo que los que iban detrás también se detuvieran y chocaran unos con otros, y echó a correr en la dirección contraria a la que iba antes.

El líder de aquel grupillo se paró frente a ella, pero Ari giró hacia la izquierda para esquivarle y llegó de nuevo a la mesa. Cogió una de las sillas que había alrededor y se la lanzó al hombre que había ido tras ella. La silla impactó contra él, quedando destrozada, y la máscara terminó por desprenderse de su cara, dejando a la vista el rostro de un chico joven con expresión malhumorada. La niña corrió hacia él y cogió una de las patas rotas y, antes de que el chico se recuperara del golpe recibido, le asestó otro en la parte trasera de la cabeza con el palo que acababa de recoger, dejándole tendido en el suelo, inconsciente.

-         ¡No podemos dejar que escape! – gritó uno de los que quedaba en pie, que no había sido aturdido por alguna de las bandejas - ¡A por ella!

Cuando terminó de decir aquello, Ari vio cómo todos los hombres que quedaban conscientes corrían hacia ella a la vez y se lanzaban en el aire para caer sobre ella. Con un gritito, se dejó caer de rodillas al suelo y se cubrió la cabeza con los brazos, sin soltar el palo. Una vez que los tuvo a todos encima, como si de una montaña se tratara, la pequeña gateó para salir de debajo de todos ellos, sin que se dieran cuenta. Se puso de pie y echó a correr hacia una de las aberturas que llevaba a un pasillo. ¿Sería aquel el que habían cogido las otras dos niñas? Ni tenía ni idea, pero no podía pararse a pensarlo.

Lamentablemente, no llegó a salir de aquella sala, ya que, justo por el camino que había elegido, entró otro hombre con la túnica blanca y la máscara. Ari se quedó boquiabierta al verle. Era enorme, el hombre más grande que había visto nunca. Más grande aún que su abuelo Garp... y su abuelo era muy grande.

La pequeña no pudo huir de él, que solo tuvo que alargar el brazo para agarrar la parte posterior del vestido de Ari y levantarla en el aire. Ella pataleó y se balanceó, intentando escapar, pero fue inútil. Intentó golpear al hombre con el palo, pero también fue inútil. Él se echó a reír, pero su risa murió al ver el interior del salón. Las bandejas y platos rotos estaban desperdigados por todo el suelo, al igual que la comida y los propios tipos de las túnicas blancas. El que llevaba a Ari se adentró aún más en la sala y frunció el ceño mirando a sus compañeros.

-         ¿Qué demonios significa esto? ¿Qué ha pasado? Al escuchar jaleo pensé que alguna de las niñas habría montado una escena, pero... no me esperaba algo como esto. ¿Una simple mocosa os ha dejado tirados en el suelo? ¿Quiénes se supone que sois? ¿No sois miembros de Kitsune Monogatari? ¿Eh? Maldita escoria... eso es lo que sois, escoria – dijo sin soltar a la pequeña, que había dejado de forcejear al ver que no conseguiría escapar - ¿Y dónde están las otras dos? No me digáis que han conseguido escapar...

-         No pudimos detenerlas – dijo uno de ellos, arrodillándose en el suelo.

Ari suspiró aliviada. Al menos Nami y Robin habían conseguido salir de allí a salvo, aunque no tenía ni idea de lo que les pasaría ahora... Pero bueno, eran listas, ¿no? Sabrían apañárselas solas. La que estaba en auténticos problemas era ella... A saber lo que hacían con ella después de la que había liado...

El hombre levantó el brazo, dejando a Ari frente a su cara. Ella miró la máscara con el pequeño ceño fruncido e intentó golpearle con la pata de la silla, pero él lo esquivó y la alejó un poco de su cuerpo, para que no llegara a darle.

-         La has hecho buena, mocosa... Te arrepentirás de esto cuando el amo se entere.


6 comentarios:

  1. igualita que su hermano...!!! que monada de niña...!!! me encanta...!!! jajaja la de leches que reparte en un momento... xDD

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    1. Jajaja, le viene de familia xDDDDDDDDDDDDDD Me encanta, es que es adorable ^^ Se lo pasa teta lanzando bandejas y platos, la tía xDDDDDDDD

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    2. ya ves!!!! Además en tan mona.... les deja salir a Nami y a Robin y ella se queda luchando... *.*

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    3. Claro, jo xD Es la hermana de Luffy xDDDDDDD Ella protegerá a todos xDDDDDDD

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  2. JAJAJJAAAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAAJA No hay carne. Es hora de ponerse serios. xDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDD Maldita Ari... I love her! xDDDDDDDDD


    Era más grande que Garp... Eso sí que es ser grande... ¿Era como Oz? xDDDDD

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    1. JAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJA, las secuestran y ella tan campante... pero si no hay carne... la has cagado xDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDD Es genial, tía xDDDDDD Es una cosita tan mona *.*

      JAJAJAJAJA, no era tan grande como Oz... ni como Moria, ni como Kuma... pero era más grande que Garp xDDDDDDDDD

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