miércoles, 11 de abril de 2012

Zoro y Ari. Saliendo del Abismo (#1)


Ari estaba sola en la Torre del vigía del Thousand Sunny. Permanecía sentada en el suelo, con las rodillas contra el pecho, los brazos apoyados en ellas y la barbilla sobre las manos. Miraba por la cristalera el cielo totalmente despejado que dejaba ver un mar de brillantes estrellas. La luna llena alumbraba la caseta, por lo que era fácil ver sin necesidad de encender la luz.

La joven se hallaba totalmente perdida en sus recuerdos del pasado... La formación de su banda, los Crow, el reencuentro con sus hermanos en el reino de Arabasta...

-         Ya han pasado más de dos años, ¿eh? – murmuró frotándose los ojos.

Era extraño, pero lo recordaba todo como si hubiera ocurrido ayer. Todos los momentos pasaban por su mente sin ningún tipo de control o filtro; recuerdos sobre su niñez, la promesa de los cuatro hermanos, Sabo, los Crow, su muerte, el infierno pasado en Impel Down y en la guerra de Marineford, la muerte de Ace...

Ari sintió cómo las lágrimas se agolpaban en sus ojos y se deslizaban por sus mejillas sin poderlo evitar. Con una maldición en voz baja, se limpió las lágrimas con el dorso de las manos. Odiaba llorar, ¿de qué servía, de todas formas? No era como si un puñado de gotas saladas pudieran traerlos a todos de vuelta como si no hubiera pasado nada... Lo peor de todo era la impotencia que había sentido al no haber podido evitar ninguna de sus muertes. Ace, Tad, Nakano, Yushi, Sone, Kiyo, Maru... todos se habían ido a un lugar al que ella no podía seguirles. Habían desaparecido. La habían dejado sola.

Mordiéndose el labio se recordó que no estaba sola. Luffy todavía estaba con ella y eso era lo único que evitaba que cayera en la desesperación. Por desgracia, cuando caía la noche y todos se iban a dormir, no había nada que impidiera que los amargos recuerdos volvieran a ella una y otra vez. No sabía cuándo fue la última vez que durmió una noche entera, sin que las pesadillas invadieran sus sueños. Probablemente, hacía dos años que no dormía en condiciones y eso, tarde o temprano, iba a comenzar a afectar su rendimiento diario.

Suspiró, diciéndose a sí misma que ahora también tenía a los Mugiwara a su lado. El problema era... que no podía sentirles realmente como “su banda”, serían siempre la banda de su hermano; ella solo era una agregada, una “nakama por necesidad”. Solo estaba ahí para poder estar al lado de Luffy y protegerlo con todo lo que tenía. Tampoco es que quisiera involucrarse demasiado con ellos. Ari ya había tenido una banda y la había perdido, no quería volver a pasar por lo mismo de nuevo.

Frunció el ceño al percatarse de que alguien se acercaba a la torre. Torció el gesto al darse cuenta de quién era.

Se levantó del suelo con rapidez y se sentó en el sofá que recorría toda la caseta, pero se sentó con las piernas en el respaldo y la cabeza colgando del asiento. Cogió una de las manzanas que había cogido del frigorífico, gracias a la llave que le había robado a Sanji para abrirlo, como cada noche.

-         Sé que estás ahí, cabeza de alga – dijo Ari mirando hacia la trampilla desde la que se entraba en la caseta.

La trampilla se abrió y dio paso a Zoro, que subió con agilidad, para luego cerrarla. Miró alrededor hasta que sus ojos se acostumbraron a la penumbra y dieron con ella.

Ari volvió a fijarse en el gran cambio que había sufrido el espadachín. Era más alto y su cuello, hombros, espalda y pecho eran mucho más anchos que cuando le vio en Arabasta. Por no hablar de la cicatriz que llevaba con orgullo en el ojo izquierdo. De forma inconsciente, ella se llevó la mano al muslo derecho, donde la gran cicatriz dejada por Mihawk y que iba desde la rodilla a la cadera le recordaba que había participado en la guerra de Marineford.
La ropa de Zoro también era diferente. Ahora llevaba un abrigo verde oscuro, largo y abierto en el pecho, pero cerrado en la cintura por una faja roja, en la que iban metidas sus katanas, y un pañuelo negro atado alrededor de la manga izquierda. No llevaba ninguna camisa debajo, y su haramaki verde era visible bajo el abrigo.

-         Así que aquí es a donde vienes todas las noches – dijo Zoro mirándola con el ceño fruncido.

Sentía su presencia cada noche entrando en la habitación donde dormían los hombres de la tripulación para robarle la llave del refrigerador al maldito cocinero. Por alguna extraña razón, Zoro era capaz de sentirla cuando entraba en una habitación en la que estaba él. También parecía ser el único que se había dado cuenta de que las manchas oscuras que tenía Ari bajo los ojos cada día que pasaba eran más y más profundas y oscuras. Suponía que la gente se había acostumbrado a sus ojeras o, simplemente, no se fijaban en ellas debido a que los tatuajes en forma de lágrima que Ari tenía en la cara se quedaban con toda la atención. Seis lágrimas, tres debajo de cada ojo. Era un tatuaje bastante bonito.

A lo que Zoro todavía no se acostumbraba era al corte de pelo que llevaba la joven, igual que el de Luffy. Uno pensaría que estaba hablando con el idiota del capitán si no fuera por los pechos, que habían crecido considerablemente en esos dos años y que, ahora mismo, caían prácticamente sobre la cara de Ari al estar sentada bocabajo. La altura de la chica no había cambiado ni un ápice, pero el cuerpo... Ahora tenía más curvas que cuando la vio en Arabasta, donde prácticamente tenía el cuerpo de un chico sin haber entrado en la adolescencia, todo recto.

Frunciendo el ceño molesto consigo mismo por estar pensando lo que estaba pensando, caminó hasta sentarse en el sofá, dejando las katanas a un lado.

-         ¿Es que nunca te separas de ellas? – le preguntó Ari, señalando las katanas con la mano en la que tenía la manzana.

-         No, las katanas son la vida del espadachín – se limitó a responder Zoro.

Ella sonrió con su típica sonrisa idiota, mientras bajaba las piernas del respaldo, se giraba y se ponía de rodillas sobre el cojín del sofá.

-         ¿Me dejas coger una? – preguntó alegremente.

-         ¿Por qué lo haces?

Ari le miró confundida, dándole un mordisco a la manzana.

-         ¿Hacer el qué?

-         Forzarte a sonreír y hablar alegremente cuando no quieres hacerlo – le dijo él.

-         No es eso...

-         Sí lo es. Desde que te has unido a la banda, no ha pasado un día en el que no tengas que forzarte a sonreír y seguirle el ritmo a Luffy. Lo haces por él, ¿verdad? No quieres preocuparle... Pero, ¿sabes? No es necesario que lo hagas. Al menos, no conmigo – dijo Zoro antes de pararse a pensar en lo que estaba diciendo.

Ari le lanzó lo que quedaba de manzana con fuerza, pero él la cogió al vuelo sin complicaciones.

-         ¿Qué sabrás tú, idiota cabeza de alga? No tienes ni idea de lo que siento o pienso... ¿Por qué te preocupas, de todas formas? Tú eres el que dijo que no quería que me uniera a la banda, ¿te acuerdas? – le dijo ella de mal humor.



6 comentarios:

  1. Ainsss... Este Zoro no piensa las cosas antes de hablar ehh... Tsk.

    En otro orden de cosas... Qué triste el principio joder!!!!1 :_______________________________________________ Pobre Ari, sin Ace, sin sus nakamas...

    Lo de "nakama por necesidad" me ha matado... :________

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  2. Jo, ya verás... es que el momento en el que le diga a la cara y delante de todos que no la quiere en la banda... será súper cruel xD Lo que le faltaba a la pobre :__

    Ya... tenía que ser triste :___ Me daba mucha penita escribirlo :__ Cuando escriba la muerte de los nakamas creo que moriré de pena o algo :__

    Yap, pero es la verdad... ella está ahí porque no tiene otro lugar al que ir >.<

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  3. Joder, que profunda es Ari cuando quiere.... xDDDD
    dios.... mírales que ricos... los dos juntos... me encantan! jajaja *.*

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    1. No es cuando quiere... es que la muerte de Ace y de sus nakamas la ha hundido, tía xDDD

      Ya, ¿a que sí? Monísimos *.* Me encantan ^^

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  4. JBWFUIHFBWUHQBFHDBC TT__TT Zoro BAAAKAAA!!! D: asdfghjkl pero bue, *-* antes de eso como iba llevando una imagen en mi cabeza se veían re bien juntos allí en el sofa :33

    byee~

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    1. Jajaja, son tan monosos juntos *.* Él tan grande y ella tan pequeñita, como si necesitara protección *.* Me encantan jajaja

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