jueves, 29 de marzo de 2012

Formación de la banda Crow (#4)


Tras ese momento, todos se sentaron en el suelo para pensar en un plan y recuperar su barco, el Mirlo Blanco. Ari se sentó, con las piernas cruzadas, entre Nakano y Tad, que dibujaba un croquis en el suelo arenoso con una pequeña rama.

-         Bien, mientras Yushi y Nakano forman jaleo en la punta más alejada de la ciudad, Maru y Kiyo harán lo mismo hacia el este. La idea es alejar a tantos marines como podamos del barco y de su base. Sone y yo iremos con Ari y nos encargaremos de los que queden por los alrededores del barco y de los que puedan venir como refuerzo.

-         ¿Cómo es vuestro barco? – le preguntó Ari pensativa.

-         Es fácilmente reconocible... El mascarón de proa es la cabeza de un mirlo blanco.

Ella miró hacia el cielo, totalmente concentrada, con la mano frotándose la barbilla, como si tuviera barba en ella.

-         ¿Qué es un mirlo blanco? – preguntó de nuevo.

-         Lo sabía... si es que lo sabía... – murmuró Sone – Es un pájaro blanco con el pico naranja.

-         ¡Ya veo! – dijo ella – Es un pájaro misterioso.

-         ¡No tiene nada de misterioso! – exclamó Yushi.

-         Vale, vale – dijo Tad soltando una pequeña risa – Como decía, es muy reconocible. A parte del mascarón... la calavera de nuestro Jolly Roger tiene la zona de la mandíbula naranja y dos plumas blancas en lugar de los fémures cruzados.

-         Lo tengo – dijo Ari asintiendo.

-         Bien, como decía... Sone y yo iremos de apoyo para Ari...

-         ¿Por qué vosotros? Yo también puedo pelear – dijo Kiyo, cruzándose de brazos – No quiero, simplemente, armar barullo en un bar de mala muerte.

-         Porque somos nosotros los que estamos en mejores condiciones – respondió Sone.

-         Eso no es verdad, tú...

-         Déjalo, Kiyo – le dijo Nakano – Tienen razón y lo sabes. Además, ellos son los más fuertes de lo que queda de banda.

El joven espadachín se cayó, aunque se veía a la legua que quería seguir con esa discusión.

Tad comenzó a trazar una línea bordeando la isla dibujada, mientras explicaba el resto del plan. Todos miraban el suelo atentamente, para no perderse ningún detalle de lo que el médico estaba exponiendo.

-         Una vez que tengamos el barco... seguiremos esta ruta para ir a recogeros. Recogeremos a Maru y a Kiyo aquí – señaló un punto de la línea trazada – y a Nakano y a Yushi, aquí – señaló otro punto, más al norte que el anterior - ¿De acuerdo? – Tad levantó la mirada.

Al pasar la mirada por las personas que estaban a su lado se dio cuenta... de que faltaba una cabeza. Una, dos, tres, cuatro, cinco... sí, sin duda. Faltaba alguien.

-         Esto... ¿y la chica? – preguntó confundido mirando alrededor. No había ni rastro de ella por ahí cerca.

-         ¿Eh? – Nakano repitió el mismo gesto. Tenía razón. Ari no estaba por los alrededores. ¿A dónde demonios había ido?

-         ¿Veis? Esto pasa por confiar en una cría – dijo Yushi con un suspiro.

Sone frunció el ceño, se llevo la mano a la cabeza rapada y la frotó suavemente. No, no podía ser... ¿verdad? Aunque, por lo que había visto, era el tipo de persona que podría hacer algo así. Pensándolo bien... Sone echó a andar, dirigiéndose a la salida del bosque.

-         ¡Eh, Sone! ¿A dónde vas? – le preguntó Kiyo.

-         Sigo mi instinto – se limitó a responder él.

El resto se miró entre sí y, encogiéndose de hombros, le siguieron. El instinto del espadachín no solía fallar y era el único que parecía tener una ligera idea de a hacia dónde se estaba dirigiendo la pequeña Ari.

Sone les estaba guiando hacia el puerto donde permanecía anclado el Mirlo Blanco. Se escondieron detrás de un edificio, con cuidado de no llamar la atención del personal de la Marina que había cerca.

-         ¿Qué demonios hacemos aquí? ¡Llevamos días evitando esta situación! – dijo Maru en voz baja.

-         Y resulta que al final hemos venido nosotros solitos hasta el barco, justo lo que ellos querían que hiciéramos – se quejó Kiyo.

-         ¡Sssssh! No estamos nosotros solitos. Mirad – dijo Sone señalando con la cabeza hacia delante.

Delante de ellos se extendía el puerto de Loguetown y, anclado allí siendo visible para todo el mundo, estaba su adorado barco. Ciertamente, había visto tiempos mejores, pues estaba desgastado; la pintura, desconchada y el pico del Mirlo, partido. Un grupo de marines permanecía en la cubierta, riendo y bromeando entre ellos. Eran un grupo bastante numeroso y debajo de ellos, había unos cuantos más, vigilando los alrededores.

-         Oye, ¿qué demonios haces aquí, niño? – preguntó uno de ellos - ¡Lárgate! Este no es lugar para jugar.

Con el ceño fruncido, la banda del Mirlo Blanco miró hacia el punto desde el que había venido la voz y se quedaron boquiabiertos. Así que a eso se refería Sone. En frente de los marines, había una pequeña figura envuelta en un manto negro desde la cabeza a los tobillos que les resultaba muy familiar. Llevaba un palo en la mano, fino y largo, sujetándolo suavemente entre sus dedos.

-         Imposible – murmuró Yushi mirando fijamente la figura.

-         ¡Increíble! Es un barco enorme – exclamó la voz de Ari, que provenía de debajo del manto.

-         Si ya lo has visto, vete de una vez, niño – dijo de nuevo el marine.

-         No – se limitó a decir Ari – He venido para devolverle este barco a sus auténticos dueños.

Todo el personal de la Marina que estaba por allí y lo escuchó se echó a reír.

-         Claro que sí, pequeño – dijo uno.

-         Nos gustaría verlo – dijo otro.

-         ¿En serio? – respondió Ari, balanceando ligeramente el palo – No hay remedio... Vosotros me lo habéis pedido...

Dicho esto, estrelló el extremo del palo en el pecho de uno de los marines, dejándole sin aire, para, acto seguido, golpearle con él en la cara con tanta fuerza que el marine terminó volando por los aires y estrellándose contra la pared del edificio que estaba a su izquierda.

Todo el mundo... absolutamente todos... se quedaron en silencio observando a la pequeña figura que sostenía el palo en la mano.

-         Venid, no seáis tímidos. Os patearé el culo a todos – dijo ella soltando una pequeña risilla cantarina.


4 comentarios:

  1. CHOPPER!!!
    xDDDDDD Lo siento, tenía que hacerlo... xDDDDDD

    Ainnsss, esta Ari, siempre liándola... Cómo mola! Jajajajajaja
    Estos marines, no saben dónde se han metido jorjorjor

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  2. ¡CHOPPER! Se te pira, mamona xDDDD
    Más mona mi Ari *.* xDD Se los va a cepillar ella sola a todos, verás xDDDDDDDDD

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  3. me lo imaginaba... Ari es incapaz de estar tanto rato quieta y callada.... jajaja

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  4. Jajajaja, por algo es hermana de quién es xDDDDDDDDDDDDDD

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